FRACTURAS DEL NIÑO: CLASIFICACIÓN
Las lesiones traumáticas son una causa importante de
mortalidad, incapacidad y consulta a urgencias en los niños, relacionadas
principalmente con caídas durante los juegos, accidentes deportivos o
automovilísticos, siendo los más expuestos por su talla y peso más bajo. En ciertas ocasiones el cuidador del niño o algún familiar puede ser el
causante del trauma, por ello si el paciente presenta signos sospechosos de
maltrato o abandono como desnutrición, falta de higiene, vestimenta descuidada;
evidencia al examen físico de fracturas múltiples, lesiones como quemaduras,
hematomas generalmente en espalda, muslo y nalgas; o si el relato de los
familiares o cuidador es incompleto y no concuerda con las lesiones del
paciente; se debe sospechar como posible causa el maltrato e intervenir
adecuadamente con el tratamiento y apoyo terapéutico adecuado.
Se dice que
entre los 0 a los 16 años sufren al menos una fractura el 27% de las niñas y
42% de los niños, con una mayor incidencia en niñas a los 12 años y en niños a
los 15 años.
Debido a características específicas del tejido óseo
infantil, las fracturas causadas en los niños tienen diferencias a las
fracturas causadas en los adultos, con una respuesta y evolución del hueso al
traumatismo distinta generando unos tipos de fracturas particulares únicamente
de los niños. Estas características propias de los niños son tanto a nivel
anatómico como fisiológico y biomecánico: el hueso infantil tienen un
periostio más grueso y resistente por lo cual se rompe con mayor dificultad y
se limita el desplazamiento de fragmento óseos, facilitando de igual forma la
reducción con manipulación cuando están desplazadas. También presenta una mayor
capacidad osteogénica desarrollando rápidamente callo reparativo permitiendo
así que se acorta el tiempo de inmovilización y de consolidación. Posee
además un mayor contenido en agua y menor en mineral, haciéndolo más poroso,
debido a esto tolera un mayor grado de deformidad comparado con el adulto, y
esa mayor elasticidad se encuentra también en ligamentos, cápsula articular y
tendones, lo que le confiere una mayor resistencia a ruptura.
Otra característica importante del hueso es la mayor
capacidad de regeneración tisular que permite una consolidación más rápida, con
una relación directa con la edad, entre menor es la edad del niño menor será el
tiempo necesario para la consolidación. Por esto mismo los retardos en
consolidación y la pseudoartrosis son raros en los niños. Igualmente por la
capacidad de remodelación de las fracturas pediátricas, si el hueso consolida
de forma incorrecta se puede corregir con el crecimiento, de esta forma cuanto
más pequeño sea el niño va tener un mayor crecimiento restante y mayor
capacidad de remodelación. Lo que permite realizar más tratamientos
conservadores en lugar de quirúrgicos. En los niños es muy bien toleradas
las inmovilizaciones presentando una baja incidencia de rigidez articular, muy
pocas veces se requiere fisioterapia, ya que
generalmente luego de retirado el yeso recuperan espontáneamente la
movilidad y a corto plazo la masa muscular.
Es importante resaltar el hipercrecimiento o estímulo de
crecimiento longitudinal del segmento fracturado como una respuesta del hueso
infantil a los traumatismos, esto es frecuente en niños menores de 10 años (en
niños mayores es menor la capacidad de remodelación y estímulo de crecimiento)
y es mayor cuanto más próximo está la lesión a una fisis activa. Este estímulo
se lleva a cabo gracias a la hiperemia que se produce alrededor del hueso
durante los procesos de consolidación y remodelación.
Una parte fundamental presente en los niños es el cartílago
de crecimiento, el cual es vulnerable a fracturas y puede traer como
consecuencia un alto en el crecimiento, llevando a desarrollar secuelas
más o menos notorias, dependiendo el sitio de lesión, como acortamiento,
deformidad angular o ambas.
Las fracturas en los niños las podemos clasificar por
diferentes aspectos, uno de ellos es según la localización de la lesión
traumática en donde podemos observar un 45% de fracturas metafisarias, un 35%
diafisarias, un 15 a 20% fisarias y menor a un 5% epifisarias. De igual forma
podemos identificarlas según el trazo de la fractura, donde encontraremos
fracturas transversas, oblicuas, en ala de mariposa o conminutas.
Otra
clasificación importante que se evidencia durante la exploración física es
según las lesiones de partes blandas afectadas, estas se dividen en: fracturas
cerradas en la cual no hay una pérdida de la integridad de la piel adyacente a
la fractura y no hay una comunicación del hueso fracturado con el exterior; y
fracturas abiertas en las que sí existe una comunicación de la fractura con el
exterior y una pérdida de la integridad de la piel adyacente al foco de
fractura. Estas últimas tiene una clasificación propia que es la de Gustilo y
Anderson, donde se diferencian 5 tipos según su gravedad teniendo en cuenta
el tamaño de la herida, el grado de contaminación de la misma, el daño en
partes blandas y daño ósea.
Debido a las características del hueso infantil ya
mencionadas se pueden distinguir diferentes tipos de patrones de fractura en
los niños propios del hueso inmaduro, en estos encontramos:
- Fracturas ocultas (toddler):
consiste en una fractura espiroidea, no desplazada, generalmente por un
mecanismo de torsión. Presenta una clínica inespecífica y puede
sospecharse con una aparición brusca de cojera sin algún antecedente
traumático. El diagnóstico puede darse tardíamente ya que es
frecuente que no sea visible en las radiografías convencionales, si se
llegase a diagnosticar su tratamiento se da con inmovilización con yeso 2
a 3 semanas, con una curación completa sin secuelas representando una
fractura de buen pronóstico.
- Incurvación
plástica: se presenta gracias a la gran elasticidad del hueso infantil,
causada por una fuerza sobre el hueso que excede el límite elástico pero
no sobrepasa el límite fracturario; provocando una curvatura fija que no
modifica. Clínicamente se puede presentar con deformidad, dolor y
limitación a la palpación, esta mejora al realizar una maniobra de
reducción.
- Fractura
en rodete: no afecta todo el espesor del hueso y se da por un fallo en la
resistencia a una compresión en la unión de la metáfisis con la
diáfisis. se presenta con dolor en foco de fractura y poca
deformidad, cura sin secuelas por medio de una inmovilización.
- Fractura
en tallo verde: se produce por un mecanismo de torsión o flexión que
intenta angular el hueso y se da una resistencia a la tensión rompiendo el
periostio y la corteza ósea en su lado convexo pero en la concavidad el
periostio se desprende sin romperse.
- Fracturas del cartílago de
crecimiento: son las más graves por lo dicho anteriormente en cuanto a sus
repercusiones en el crecimiento, se utiliza la clasificación de Salter y
Harris en donde se evidencian 5 tipos; los tipos I y II son las más
frecuentes y con menos secuelas en el crecimiento y la tipo V es la que se
presenta con menor frecuencia pero representa una mayor afectación
del crecimiento.
Los sitios donde más frecuentemente se observan estas
lesiones traumáticas son el radio con un 45,1%, seguido de las lesiones del
cartílago de crecimiento con un 21,7%, en el húmero un 18,4%, en la tibia
un 15,1%, clavícula representa un 13,8 y finalmente un 7,6% en el fémur. Siendo las fracturas de
cadera y raquis las menos frecuentes.
REFERENCIAS:
https://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2019/xxiii04/06/n4-221e1-14_JorgeLopez.pdf


Muy completa la info 🙄
ResponderEliminarImportante información para cuando tenga hijos, gracias.
ResponderEliminarMuy buena revisión de tema
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